Recuperación activa o descanso total: cómo elegir según el tipo de molestia

Recuperación activa o descanso total: cómo elegir según el tipo de molestia

Hay una escena demasiado habitual en gimnasios, canchas y grupos de running. Aparece una molestia, una rigidez, un dolor post partido o una sobrecarga que todavía no es lesión grave, y alguien saca ibuprofeno del bolso como si fuera parte del equipamiento. A veces no hay consulta, no hay indicación médica, no hay demasiada reflexión: hay apuro por poder seguir. La revisión publicada en Journal of Science and Medicine in Sport en 2025 justamente describe que el uso de AINEs en deporte es muy alto en algunos contextos y que en ocasiones ocurre de forma rutinaria, sin indicación clara y sin supervisión médica.

El atractivo es fácil de entender. Los AINEs alivian dolor y reducen inflamación. En el corto plazo, eso puede sentirse como una solución elegante: menos molestia, más margen para entrenar, menos interrupciones. Pero la fisiología del ejercicio no es tan lineal. Parte de la inflamación que sigue a una carga física o a una lesión reciente forma parte del proceso de reparación y adaptación. Por eso, bajar el síntoma no siempre equivale a mejorar la recuperación.

La discusión de fondo no es si ibuprofeno o diclofenac “sirven” o “no sirven”. Sirven para algunas cosas. La pregunta más útil es otra: para qué sirven, cuándo dejan de ayudar y qué costo puede tener convertirlos en hábito deportivo. Ahí aparece una respuesta bastante más interesante que la lógica del alivio rápido.

Qué hacen los AINEs y por qué se volvieron tan comunes en deporte

Los AINEs actúan sobre las enzimas ciclooxigenasas y reducen la producción de prostaglandinas, mediadores implicados en dolor e inflamación. Esa farmacología explica por qué se usan tanto para molestias musculoesqueléticas, dolor agudo y cuadros inflamatorios. La revisión de 2025 en JSAMS resume que son una opción terapéutica frecuente en atletas justamente por sus efectos analgésicos y antiinflamatorios.

Ahora bien, que alivien síntomas no significa que mejoren el proceso entero. La revisión sistemática publicada en Sports en 2024 encontró que los AINEs pueden ser eficaces para manejar dolor agudo en lesiones recientes, pero que ese valor se vuelve menos claro cuando se los usa esperando mejorar entrenamiento, respuesta adaptativa o rendimiento. En ese mismo trabajo, la síntesis de la evidencia no apoyó beneficios ergogénicos y tampoco encontró aumentos en actividad de células satélite o síntesis de colágeno en estudios relacionados con ejercicio.

Dicho más simple: el cuerpo puede doler menos sin que eso signifique que está reparando mejor o adaptándose mejor. Ese matiz es central para cualquier persona que entrene con frecuencia.

El problema de usarlos “para poder entrenar igual”

Una de las ideas más instaladas en el deporte amateur y competitivo es que si el dolor baja, ya está resuelto el problema. Pero un ensayo placebo-controlado, doble ciego y cruzado publicado en 2024 encontró que ibuprofeno y flurbiprofeno no evitaron la caída de la fuerza máxima voluntaria, ni mejoraron el salto vertical, ni redujeron de forma significativa el dolor muscular después del ejercicio. El estudio concluyó que los atletas podrían no beneficiarse del uso profiláctico de estos fármacos para prevenir molestias o caída del rendimiento asociadas al ejercicio.

Ese hallazgo es incómodo, pero útil. Porque rompe una fantasía bastante común: la de tomar un antiinflamatorio antes o después de entrenar como si fuera una garantía de mejor recuperación. En muchos casos, lo que hace es cambiar la percepción del cuadro más que el cuadro completo.

La revisión de 2025 también plantea algo importante: hay buena evidencia para el uso de AINEs después de una lesión aguda, pero también advierte que podrían interferir con el remodelado y la cicatrización normal si se usan más tiempo en lesiones musculoesqueléticas. Ahí está buena parte del conflicto: lo que ayuda a aliviar rápido no siempre es lo que más conviene sostener para recuperar bien.

Por qué bajar inflamación no siempre es lo mismo que reparar mejor

En wellness, la inflamación suele presentarse como enemiga absoluta. Pero en fisiología del ejercicio y de la lesión eso no es tan simple. Parte de la señal inflamatoria cumple una función en el proceso de reparación y adaptación. La revisión sistemática de 2024 en atletas justamente advierte que los beneficios de los AINEs disminuyen cuando se los usa esperando algo más que analgesia aguda, y la revisión de 2025 insiste en que el uso prolongado puede afectar remodelado tisular.

Para complicar todavía más la historia, en 2025 apareció un estudio en varones entrenados donde el uso crónico de diclofenac durante entrenamiento de fuerza se asoció con mayor hipertrofia, pero sin mayores ganancias de fuerza. Ese dato no habilita en absoluto a recomendar AINEs para ganar músculo; más bien muestra que la relación entre inflamación, crecimiento muscular y rendimiento es más compleja de lo que se asumía. Incluso los propios resultados dejan claro que más masa no se tradujo en más fuerza.

La lectura razonable no es “entonces tomá diclofenac para hipertrofiar”. Es exactamente la contraria: el sistema es más complejo de lo que parece, y por eso convertir analgésicos en herramienta de uso rutinario alrededor del entrenamiento es una mala simplificación.

Los riesgos que sí están bien establecidos

Acá conviene salir del terreno de la especulación y volver a lo sólido. Los riesgos gastrointestinales, renales y cardiovasculares de los AINEs están bien documentados. MedlinePlus advierte que el ibuprofeno puede causar úlceras, sangrado o perforaciones en esófago, estómago o intestino, y que estos eventos pueden ocurrir sin síntomas de aviso.

En diclofenac, el etiquetado de FDA es igual de claro: los AINEs, incluyendo diclofenac, pueden causar eventos gastrointestinales graves —inflamación, sangrado, ulceración y perforación— potencialmente fatales. Además, el mismo etiquetado y la comunicación de FDA remarcan aumento del riesgo de eventos cardiovasculares trombóticos, incluido infarto y ACV.

En atletas y personas físicamente activas hay otro punto especialmente importante: el riñón. La revisión de 2025 en JSAMS discute en detalle los eventos renales y subraya el efecto acumulativo que pueden tener los AINEs junto con deshidratación y enfermedad concurrente. Otras revisiones sobre ultraendurance también vinculan el uso de AINEs con mayor riesgo y severidad de lesión renal aguda en contextos de ejercicio prolongado.

En la práctica, eso vuelve especialmente mala la idea de tomar ibuprofeno o diclofenac “por las dudas” antes de sesiones duras, partidos largos, calor fuerte o contextos donde ya hay estrés fisiológico alto.

Cuándo pueden tener sentido y cuándo no

La evidencia no dice que los AINEs deban desterrarse del botiquín. Dice que conviene usarlos con más criterio. El lugar donde mejor se sostienen es el del dolor agudo en contextos concretos, especialmente lesión reciente, y aun ahí bajo la lógica de dosis efectiva más baja y por el menor tiempo posible, principio que la revisión de 2025 destaca de forma explícita.

Donde la evidencia se vuelve mucho menos amigable es en el uso crónico, preventivo o “funcional” para seguir entrenando como si nada. La revisión sistemática de 2024 no respaldó mejoras de rendimiento ni beneficios ergogénicos, y el ensayo de 2024 con ibuprofeno tampoco apoyó la idea de que prevenga dolor o caída de desempeño post ejercicio.

Eso vuelve más fácil una distinción práctica. No es lo mismo tratar una lesión reciente con supervisión que medicarse para no escuchar lo que el cuerpo está diciendo. Lo primero puede tener lógica clínica. Lo segundo suele ser una mala apuesta.

Cómo aplicarlo en la vida real sin caer en extremos

La primera regla razonable es no transformar un alivio puntual en hábito. Si una persona necesita AINEs con frecuencia para entrenar o competir, probablemente la pregunta importante no sea qué pastilla tomar, sino qué está pasando con la carga, la técnica, el descanso o la lesión de base. Esa es una inferencia clínica prudente apoyada por la revisión de 2025, que llama a un uso racional y seguro.

La segunda es no banalizar la combinación de AINEs con otras condiciones de riesgo. Alcohol, deshidratación, enfermedad intercurrente, antecedentes de gastritis/úlcera, medicación anticoagulante, hipertensión, enfermedad renal o cardiovascular cambian la ecuación de seguridad. MedlinePlus y FDA son muy claros en estas advertencias.

La tercera es entender que, en recuperación, muchas veces lo más rentable sigue siendo lo menos glamoroso: dormir mejor, hidratarse, ordenar la carga, comer suficiente y no tapar señales con analgésicos. Los AINEs pueden aliviar dolor; no reconstruyen por sí solos una rutina de recuperación.

Dónde encajan los suplementos de FYNUTRITION

Acá conviene ser muy claros: Cúrcuma, Magnesio y Magnesio Full no ocupan el mismo rol que ibuprofeno o diclofenac. No son sustitutos farmacológicos para dolor agudo intenso ni para una lesión que necesita evaluación. Su lugar es otro: el de acompañar, desde una lógica educativa y de rutina, objetivos de bienestar, recuperación muscular o confort articular sin el planteo de “anestesiar” el síntoma para seguir igual.

Cúrcuma de FYNUTRITION aporta cúrcuma, jengibre, vitamina C y pimienta negra, y la marca la orienta a molestias articulares, digestión y cuidado general. Dentro de esta nota, su lugar editorial aparece más del lado del acompañamiento cotidiano de rigidez o malestar de base, no del tratamiento de una lesión aguda ni del uso como pase libre para entrenar dolorido.

Magnesio y Magnesio Full encajan mejor cuando la sensación dominante es de tensión muscular, recuperación corta, descanso poco reparador o una base de función muscular mejorable. El NIH recuerda que el magnesio participa en más de 300 sistemas enzimáticos relacionados con función muscular y nerviosa, síntesis proteica y producción de energía. FYNUTRITION, además, posiciona ambas fórmulas justamente en el eje de recuperación muscular y descanso.

La clave está en no pedirles el papel equivocado. Un suplemento puede apoyar una estrategia; no debería usarse para negar una lesión ni para reemplazar criterio clínico.

Fuentes

  • Fitzpatrick D, et al. The use of pain killers (NSAIDs) in athletes: How large is the risk? Journal of Science and Medicine in Sport, 2025.
  • Pham H, Spaniol F. The Efficacy of Non-Steroidal Anti-Inflammatory Drugs in Athletes for Injury Management, Training Response, and Athletic Performance: A Systematic Review. Sports, 2024.
  • Roberts BM, et al. NSAIDs do not prevent exercise-induced performance deficits or alleviate muscle soreness: A placebo-controlled randomized, double-blinded, cross-over study. Journal of Science and Medicine in Sport, 2024.
  • MedlinePlus. Ibuprofen: Drug Information. Actualizado el 15 de septiembre de 2023.
  • FDA / diclofenac labeling and NSAID safety communication on cardiovascular and GI risk.
  • Mallinson JE, et al. NSAID ingestion augments training-induced muscle hypertrophy and differentially affects muscle mRNA expression, but not strength gains, in trained men. The Journal of Physiology, 2025.

La información presentada en este artículo es de carácter meramente informativo y no reemplaza el consejo, diagnóstico ni tratamiento profesional. Ante cualquier duda o condición de salud, se recomienda consultar siempre con un médico, nutricionista u otro profesional de la salud calificado. Si bien se ha puesto especial cuidado en la elaboración del contenido, FYNUTRITION no se responsabiliza por eventuales errores u omisiones involuntarias.

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